Además del kilt, la tradicional pollera escocesa, en otras culturas y países se usan variantes de esa misma prenda.#
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EL VIAJERO ILUSTRADO
La falda, cosa de hombres
Además del kilt, la tradicional pollera escocesa, en otras culturas y países se usan variantes de esa misma prenda.
El mundo ha cambiado tanto, piensa El Viajero Ilustrado, que algunas constumbres que desvelaban a nuestros abuelos son hoy casi "normales". Por ejemplo, el famoso kilt —o si se quiere, la "pollera escocesa"— es una tradición muy antigua que aún enorgullece a los habitantes de esa nación ubicada en el extremo norte de Gran Bretaña. Lo que llama la atención del Viajero es que esta costumbre todavía sea decididamente rara en los demás países de Occidente, pese a haber sido extendida a varias regiones asiáticas, árabes y algunos pueblos de la Polinesia.
El Viajero sabe que los africanos del norte suelen usar una túnica larga que llaman budú, parecida al caftan, que es popular en Oriente Medio y se caracteriza por las mangas anchas. Los marroquíes llaman djellabah a una falda holgada y larga exclusivamente masculina; mientras que el dashiki es una túnica coloreada que se usa en algunos pueblos africanos. El Viajero cree casi innecesario mencionar las faldas que usan los malayos y los vistosos pareos que han difundido por todo el mundo los habitantes de las islas del Pacífico. Entre tantas costumbres, El Viajero Ilustrado recuerda que en el pequeño reino malayo de Bután, el Gobierno real decretó en 1985 que todo hombre butanés debía vestir el traje tradicional o gho, un vestido largo hasta las rodillas con cinturón y extensas medias con dibujos a cuadros.
Sin embargo, la falda más popular y llamativa para el viajero occidental sigue siendo el kilt, la prenda típica de Escocia. Como bien sabe El Viajero, el color y el diseño de los cuadros que llaman tartan es lo que marcaba la diferencia entre los clanes. Según se cuenta en la capital escocesa, en el siglo XII se usaba una tela larga que cubría todo el cuerpo. Su uso se extendió en las Highlands (tierras altas), pues era un atuendo cómodo para evitar los barriales provocados por las lluvias casi diarias.
El Parlamento inglés intentó desplazar ese atuendo por considerarlo subversivo, y en 1745 prohibió los tartan en Escocia. No conforme con esto, también prohibió las gaitas (como es sabido, el whisky escocés se salvó de la conjura). La resistencia acrecentó la identidad del kilt, y por cierto de la gaita. El Viajero puede afirmar que, en algún sentido, los hombres se pusieron las faldas y no se dejaron intimidar.
En su diseño original, el kilt era un paño de 7 u 8 metros de lana suave tejida que se enrollaba alrededor de la cintura y los muslos, y cuyo sobrante se colgaba en el hombro. El panel frontal del kilt, llamado delantal, se abría sobre el lado derecho y se aseguraba con hebillas.
El kilt es plisado y llega hasta la rodilla. Seguramente sea éste el rasgo que lo diferencia de los atuendos orientales y africanos, remitiendo a la fustanella, una falda corta y blanca que usaban los griegos. Quizá el ejemplo más cercano del uso del kilt se haya visto en dos filmes exitosos: en "Braveheart", Mel Gibson lució sus piernas y algo más; mientras el robusto Liam Neeson mostró sus muslos en "Rob Roy".
Es sabido que los tejidos que usaban los pobres eran de uno o dos colores; en cambio, las faldas de los ricos tenían muchos y variados. Pero como reconoce El Viajero, en todos los casos, los distintos tartan sintetizan el mismo sentimiento de unidad y amor a las costumbres.
Cuando El Viajero es desafiado a compartir una costumbre típica de alguna región no puede desairar a sus anfitriones. Por lo tanto, debe hacer el intento de alquilar un kilt y lucir los aditamentos que hacen al traje escocés, como el bolso de cuero llamado sporran y una gorra. Si es invierno, se lleva una bufanda con el mismo tartan que la pollera.
Finalmente, y para demostrar que en Escocia usar faldas es cosa de hombre, cuando El Viajero luce su kilt, respetando la antigua tradición, no usa ropa interior. Por lo tanto, camina con movimientos contenidos, se cuida del viento, no sube escaleras y no intenta remedar a Mel Gibson burlándose del ejército inglés. El resto es puro placer.